sábado, 25 de febrero de 2012

De nuevo noticias de Benedicto XVI



Benedicto XVI, en una de las últimas audiencias ha seguido comentando la oración de Jesús, en esta ocasión la oración en la cruz. Se centró en tres palabras de Jesús en la cruz.
La primera, «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen», dijo el Papa, “es de intercesión, pide perdón por sus verdugos. Con esto, Jesús cumple en primera persona lo que había enseñado en el Sermón de la Montaña cuando dijo: “Pero yo les digo a los que me escuchan: Amad a vuestros  enemigos, haced el bien a los que os odian”, y también había prometido a los que supieran perdonar: “vuestra recompensa será grande, y seréis  hijos del Altísimo”. Ahora, desde la cruz, no solo perdona a sus verdugos, sino que se dirige directamente al Padre intercediendo en su favor”.
La segunda palabra de Jesús, “hoy estarás conmigo en el paraíso” dijo el papa, “es una palabra de esperanza, es la respuesta a la oración de uno de los dos hombres crucificados con Él”. “La respuesta del Señor a esta oración –añadió- va mucho más allá de la petición”. “Así, a través de esta respuesta da la firme esperanza de que la bondad de Dios puede tocarnos incluso en el último momento de la vida, y que la oración sincera, incluso después de una vida equivocada, encuentra los brazos abiertos del Padre bueno que espera el regreso del hijo”.
La última palabra de Jesús, «Padre, en tus manos pongo mi espíritu», “es un fuerte grito de extrema y total confianza en Dios. Esta oración expresa el pleno conocimiento de no ser abandonado”.
“La oración de Jesús antes de su muerte es trágica, como lo es para cada hombre, pero al mismo tiempo, está impregnada por aquella profunda calma que viene de la confianza en el Padre y del deseo de entregarse totalmente a Él”.
Y concluyó afirmando que “las palabras de Jesús en la cruz en los últimos momentos de su vida terrena ofrecen indicaciones exigentes a nuestra oración, pero abren también a una confianza serena y a una esperanza firme”.
Se puede leer el discurso completo en: http://www.zenit.org/article-41495?l=spanish.
“Queridos hermanos y hermanas, esta oración de Jesús nos llama a imitarle y cumplir con el difícil gesto de orar también por aquellos que nos hacen el mal, sabiendo perdonar siempre, viviendo la misericordia y el amor”.
 La fuente de esta noticia es ZENIT.org


Y en la audiencia del 22, miércoles de ceniza, después de referirse al significado del número cuarenta expuso el camino que podemos seguir en este tiempo de preparación para el triduo pascual:

"la Cuaresma tiene como finalidad favorecer un camino de renovación espiritual,  aprender a imitar a Jesús, que en los cuarenta días pasados en el desierto enseñó a vencer la tentación con la Palabra de Dios.
En este «desierto» los creyentes, ciertamente, tenemos la oportunidad de hacer una profunda experiencia de Dios que fortalece el espíritu, confirma la fe, alimenta la esperanza y anima la caridad; una experiencia que nos hace partícipes de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte mediante el sacrificio de amor en la cruz. Pero el «desierto» también es el aspecto negativo de la realidad que nos rodea: la aridez, la pobreza de palabras de vida y de valores, el laicismo y la cultura materialista, que encierran a la persona en el horizonte mundano de la existencia sustrayéndolo a toda referencia a la trascendencia. Este es también el ambiente en el que el cielo que está sobre nosotros se oscurece, porque lo cubren las nubes del egoísmo, de la incomprensión y del engaño. A pesar de esto, también para la Iglesia de hoy el tiempo del desierto puede transformarse en tiempo de gracia, pues tenemos la certeza de que incluso de la roca más dura Dios puede hacer que brote el agua viva que quita la sed y restaura.
Queridos hermanos y hermanas, en estos cuarenta días que nos conducirán a la Pascua de Resurrección podemos encontrar nuevo valor para aceptar con paciencia y con fe todas las situaciones de dificultad, de aflicción y de prueba, conscientes de que el Señor hará surgir de las tinieblas el nuevo día. Y si permanecemos fieles a Jesús, siguiéndolo por el camino de la cruz, se nos dará de nuevo el claro mundo de Dios, el mundo de la luz, de la verdad y de la alegría: será el alba nueva creada por Dios mismo. ¡Feliz camino de Cuaresma a todos vosotros!