De la audiencia del 18 de abril:
En su discurso, el papa ha reanudado su catequesis sobre la oración en los Hechos de los Apóstoles.
El papa afirmó que "una atmósfera de oración acompaña los primeros pasos de la Iglesia". "Pentecostés no es un episodio aislado, ya que la presencia y la acción del Espíritu Santo guían y animan de manera constante el camino de la comunidad cristiana".
Benedicto XVI se centró hoy en lo que se ha llamado el "pequeño Pentecostés", que tuvo lugar en la culminación de una etapa difícil en la vida de la Iglesia naciente.
Tras la curación de un paralítico a la entrada del Templo de Jerusalén, Pedro y Juan fueron arrestados porque anunciaban la resurrección de Jesús a todo el pueblo. Tras un juicio sumario, fueron puestos en libertad. Regresaron con sus hermanos y les contaron cuanto habían sufrido debido al testimonio de Jesús resucitado. En ese pasaje dice san Lucas que "todos unánimemente elevaron su voz a Dios".
El papa subrayó que en la Iglesia naciente, "se observa una actitud subyacente importante: ante el peligro, la dificultad, la amenaza, la primera comunidad cristiana no trata de hacer un análisis sobre cómo reaccionar, encontrar estrategias de cómo defenderse a sí mismos, o qué medidas tomar, sino que ante la prueba empiezan a rezar, se ponen en contacto con Dios".
La característica de esta oración es que es "una oración unánime y que coincide con toda la comunidad, que se enfrenta a una situación de persecución por causa de Jesús".
"Frente a las persecuciones sufridas por causa de Jesús --afirmó el papa--, la comunidad no sólo no tiene miedo y no se divide, sino que está profundamente unida en la oración, como una sola persona, para invocar al Señor".
Dando un paso más, el papa se preguntó: "¿Qué es lo que pide la comunidad cristiana a Dios en este momento de prueba?". Y respondió: "No pide la seguridad por vida frente a la persecución, ni que el Señor castigue a los que han encarcelado a Pedro y a Juan; piden solamente que se les conceda 'proclamar con toda libertad' la Palabra de Dios".
"También nosotros, queridos hermanos y hermanas --exhortó el papa--, debemos saber presentar los acontecimientos de nuestra vida cotidiana en nuestra oración, para buscar su significado profundo". "Guiados por el Espíritu de Jesucristo, seremos capaces de vivir con serenidad, valentía y alegría en cada situación de la vida y, con san Pablo gloriarnos 'de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia; la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado'",